Miércoles, 25 Noviembre 2020 20:11

Se murió Dios

Diego Armando Maradona, el mejor futbolista de todos los tiempos, murió este miércoles a los 60 años en una casa del barrio privado San Andrés donde se recuperaba de una operación reciente de un hematoma subdural.
Su figura es tan venerada en todo el mundo que hasta cuenta con una Iglesia Maradoniana, que festeja la “Navidad” cada 30 de octubre, día de su nacimiento en 1960, y es considerado un semidiós en Nápoles, club en el que salió campeón cuatro veces (dos Scudettos, una Supercopa italiana y una Copa UEFA), algo que ni antes ni después de él volvió a conseguir. Fue campeón mundial con la selección argentina en 1986, brillando como pocas veces lo consiguió ningún jugador, finalista en 1990 y campeón mundial juvenil en 1979. También fue director técnico de la selección argentina entre noviembre de 2008 y julio de 2010, cuando fue eliminado por Alemania en el Mundial de Sudáfrica (4-0). Tiene el récord de haber sido cinco veces máximo goleador del torneo oficial argentino.
 
La noticia de la muerte modificó toda la agenda en la Casa de Gobierno. El primer contacto con el entorno del jugador lo hizo el subsecretario de la Presidencia, Miguel Cuberos, que conoce a la familia desde hace tiempo. La llamó a Claudia Villafañe y le dijo que el Presidente estaba "a disposición" de la familia y que le ofrecía "todas las posibilidades" para despedirlo, inclusive la Casa Rosada. "Será donde quiera la familia", enfatizaron en el entorno del Presidente.
 
Finalmente, Alberto Fernández volvió a hablar con Villafañe, que aceptó el ofrecimiento del Presidente.El Gobierno aún no confirmó a partir de qué hora podrá ingresar la multitud a la sede de Gobierno. Es que, según señalaron fuentes al tanto de las tratativas, se espera que primero la familia despida a Maradona en la Rosada en una ceremonia íntima, para luego abrir las puertas al público.
 
Un salón estará reservado solo para familiares e invitados especiales.
 
Maradona debutó en Argentinos Juniors el 20 de octubre de 1976 ante Talleres de Córdoba y la primera pelota que tocó fue un túnel a Juan Domingo Patricio Cabrera. Ingresó con el número 16 por Rubén Giacobetti al inicio del segundo tiempo. “Ese día toqué el cielo con las manos”, recordaba siempre. Su primer gol lo convirtió poco después, el 14 de noviembre, ante San Lorenzo de Mar del Plata por el torneo Nacional. Ese día hizo dos al arquero Rubén Lucangioli.
 
El 27 febrero de 1977 ya fue convocado por Menotti para la selección argentina. Su debut fue en la Bombonera ante Hungría, ingresando en el segundo tiempo por Leopoldo Luque. Argentina ya ganaba 4-0 y la gente empezó a corear su nombre. Ese año se concentró con el juvenil argentino para jugar el Sudamericano de Venezuela, clasificatorio para el Mundial de Túnez. Tenía 16 años y sus compañeros, 19. “El pibe Maradona es medio equipo”, contaba el enviado de Clarín, pero con dos derrotas y un empate, la selección no conseguiría el objetivo.
 
Se puede trabajar de Dios en los estadios, se puede hacer alegrar para toda la vida con un gesto eterno de apenas 10,6 segundos, es posible que una cita brutal y poco feliz le de sentido a todo, no hay dudas que el calendario futbolero señalará para toda la vida el 22 de junio de 1986, es innegable que alguno se atreva a imaginar el día después de la obra Diego Maradona. "Aquel gol que le hizo Maradona a los ingleses con la ayuda de la mano divina es, por ahora, la única prueba fiable de la existencia de Dios", la mirada de Mario Benedetti, respecto a lo que sucedió en el Mundial de México de 1986, lo dice todo.
 
Es necesario recurrir a Eduardo Sacheri para poder explicar la naturaleza de Pelusa, el gen argentino de Diego Maradona: "Así que señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que se supone debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por acumular un montón de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida. Yo conservo el deber de la memoria".
 

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